• Lun. Abr 6th, 2026

El Nazareno de San Pablo, 351 años demostración de fe inquebrantable

porIliana Rosales

Abr 1, 2026

Caracas, Venezuela.- Bajo las cúpulas de la Basílica de Santa Teresa, en el corazón de Caracas, no es un miércoles cualquiera; es el día en que la ciudad se detiene para mirar a los ojos a su patrón sentimental. El culto al Nazareno de San Pablo se perpetúa año tras año, no solo como un rito litúrgico, sino como una marea humana de reverencia y amor que arropa a miles de creyentes.

Para el venezolano, el «Caminante de Santa Teresa» es mucho más que una talla de madera policromada del siglo XVII. Es un confidente silencioso, un receptor de promesas y el protagonista de una historia de sanación que data de la época de la peste. Hoy es símbolo de fe para quienes buscan alivio en su alma.

La esperanza y la gratitud son los hilos que tejen esta devoción. Para los fieles que se agolpan en las puertas del templo desde la madrugada, la figura del Nazareno es el espejo de su propia resiliencia.

Milagros Novel, una de las tantas voces que se quiebran ante la imagen, resume el sentir colectivo con una claridad meridiana sobre lo que significa este encuentro anual para el gentilicio local. «Para Caracas es lo más grande que hay; es una imagen de devoción, amor, fe, esperanza, de unión y lealtad. Ante él no hay nada que se pueda resistir. Eso es lo que representa para mí y creo que para todos los venezolanos», afirma.

En el altar, el protocolo y la espiritualidad se funden en manos de quienes tienen la responsabilidad de custodiar la imagen. Lionel Mendoza, ceremoniero del templo, vive la experiencia. Para él, estar en la cercanía física de la talla es un ejercicio de humildad constante, entendiendo que su labor es el puente entre lo divino y un pueblo sediento de consuelo.

Mendoza destaca que servirle y estar en su presencia es sentir su fe y su misericordia ante todo su pueblo santo. En sus palabras, el Nazareno tiene una función redentora: «Él nos redime, ante Dios Padre, por todos nuestros pecados».

|| UNA MUJER CÓFRADE

Detrás de la majestuosidad de la procesión, existe la Cofradía del Nazareno de San Pablo es la encargada. Vanessa Rodríguez, coordinadora de la cofradía, encarna un hito dentro de esta tradición centenaria al ser la primera mujer al frente de este cargo.

Para Rodríguez, no es solo una posición jerárquica, sino una misión espiritual encomendada por la propia divinidad. Ella siente el privilegio de representar a la mujer venezolana en la logística de la fe, trabajando codo a codo con más de 120 caballeros y numerosas familias que entregan su tiempo para que el «Limonero del Señor» luzca impecable ante su feligresía.

«Él es compasión, es tranquilidad, es amor. Por eso esta tradición ha perdurado desde hace años, desde la peste en la cual sale su nombre, el Limonero del Señor; desde ese momento todos los feligreses siempre tienen presente al Nazareno de San Pablo», explicó.

La mística que rodea al Nazareno trasciende las fronteras de Caracas. Gente de todo el país e incluso extranjeros se acercan a la Basílica para ser testigos de una de las manifestaciones de fe más potentes de América Latina. Es un fenómeno que no entiende de clases sociales ni de posturas políticas; es el punto de unión donde el venezolano se reconoce pequeño, pero profundamente amado.

Al final de la jornada, cuando el sol cae y la imagen sale a recorrer las calles, se confirma que 351 años de fe siguen intactos. La devoción hacia el Nazareno de San Pablo no es una reliquia del pasado, sino un evento vivo que late en cada oración susurrada. Es, sin duda, el evento religioso más importante de Venezuela.

Prensa Presidencial/ Iliana Rosales