Palacio de Miraflores, Caracas.- Los hechos del 27 de febrero de 1989 constituyeron un sismo político que dejó una marcada línea divisoria en la historia venezolana. Más allá de lo que relaten los libros, revistas y documentales sobre lo ocurridos en las calles, esta fecha refleja cómo el sistema político instaurado desde 1958 dejó ver sus debilidades, mismas que abrieron el camino a la Revolución Bolivariana (…) un sentimiento de un pueblo que se hizo Gobierno.
Resulta útil ver el estallido social como un punto de partida para un proceso de transformación del Estado, dando origen a la Quinta República. Han pasado 37 años desde entonces y para entender cómo la memoria del 27-F ha dibujado un proyecto nuevo y antagónico, conviene conocer la estructura política y la geopolítica vista como el resultado de un proceso en las profundidades de la sociedad.

Para abordar esta interrogante, conversamos con Juan Gómez, Oficial de la Aviación Militar Bolivariana en reserva activa, quien actualmente cumple funciones en el Ministerio del Poder Popular para el Transporte y ostenta un Magister Scientarium en Historia y en Política Exterior de Venezuela.
El legado constitucional
Para Gómez, la Constitución de 1999 introdujo cambios significativos en la estructura del Estado, pasando de un modelo de democracia representativa a uno que enfatiza la participación ciudadana. El especialista en historia y política exterior de Venezuela reconoce que el establecimiento de un Estado democrático y social de derecho y de justicia, aunque imperfecto y atravesando coyunturas complejas, prioriza los intereses nacionales que tanto reclamaba la sociedad que implosionó ese 27-F.

La atención que la Revolución Bolivariana ha puesto sobre las necesidades sociales de las mayorías venezolanas responde directamente a dar soluciones a las causas que originaron aquella respuesta Popular de 1989. El especialista amplía esta visión hacia lo regional: «El Caracazo ha tenido sus réplicas en otros países de América Latina, no solo porque el ejemplo venezolano haya servido de inspiración, sino porque se evidenció que el sistema económico y políticas de gobierno no daban soluciones a la sociedad de cada Nación».
La restitución de las aspiraciones sociales, la unidad latinoamericana y la construcción de un modelo político que priorice los intereses para la sociedad son valores que consagra nuestro texto constitucional y que, según el historiador, «tienen su origen en aquella gesta de febrero de 1989».
La proyección internacional
El Caracazo no solo reconfiguró el escenario interno; también tuvo implicaciones en la política exterior venezolana de las décadas siguientes. Uno de los aspectos más reveladores de aquella crisis fue la percepción de que el entonces presidente Carlos Andrés Pérez estaba más preocupado por la reacción de sus aliados internacionales que por la crisis humanitaria interna.

Cuando el Comandante Eterno, Hugo Chávez, llegó a la presidencia en 1999, su discurso internacional incorporó elementos que remitían a aquella experiencia. La crítica a los organismos multilaterales, la búsqueda de alianzas con países productores de petróleo, el llamado a construir un mundo más justo respondían a una lectura geopolítica cuyas raíces pueden rastrearse hasta finales de los años ochenta.
Para entonces, los idearios del Comandante de la Revolución Bolivariana y el movimiento MBR-200, el 27-F fue la señal de que el modelo de desarrollo dependiente de las grandes potencias estaba agotado. Fue el catalizador que aceleró el levantamiento militar de 1992 y la posterior refundación del Estado en 1999 a través de una nueva Constitución.
En este sentido, los hechos de El Caracazo fueron el activador de una consciencia social que rechazó ser una “periferia” proveedora de recursos para el Norte. En contraposición, se transformó en una doctrina diplomática que buscó colocar a Venezuela en el tablero global diverso y multipolar.
Paz social y unidad nacional
A 37 años de aquella fecha trágica, el mensaje central que emerge no es la división, sino la corresponsabilidad. El Gobierno Bolivariano reafirma su voluntad de mantener los canales de protección social abiertos, entendiendo que la paz social constituye el activo más valioso de cualquier nación.
Las divergencias del pasado deben dar paso al diálogo y la construcción de un futuro compartido. La aspiración de una Venezuela próspera se consolida con el trabajo conjunto de todos los factores que integran la sociedad; la paz no es simplemente la ausencia de conflicto, sino el resultado de un desarrollo compartido que atienda las necesidades de todos los sectores.
Prensa Presidencial / Iliana Rosales
